| Familia Gandulfo Guerra dona retrato de Juan Gandulfo pintado por Camilo Mori
En una ceremonia efectuada el martes 25 de marzo en Valparaíso, la Fundación Pablo Neruda recibió de parte de don Juan Humberto Vera Gandulfo, en nombre de la familia Gandulfo Guerra, la importante donación del retrato al óleo del doctor Juan Gandulfo Guerra, pintado por Camilo Mori, para formar parte del patrimonio de la casa-museo La Sebastiana.
La Fundación Pablo Neruda agradece muy sinceramente su generosidad al donar este magnífico retrato que recibimos e incorporamos al patrimonio de La Sebastiana. Consideramos que este valioso gesto es el mejor homenaje a la amistad que unió al médico y al poeta. Asociamos a este acto al autor del cuadro el gran pintor Camilo Mori, también amigo y vecino de Pablo Neruda.
Juan Gandulfo es la figura descollante de la llamada “generación del 20”, movimiento juvenil que no sólo aspiró a la renovación de la anquilosada sociedad decimonónica chilena, sino a imponer un nuevo espíritu de desinterés, idealismo y entrega para superar la grave crisis social, económica y moral en la que se encontraba sumido nuestro país en las primeras décadas del siglo XX.
El año 20 tiene un valor simbólico, como punto de inflexión en la historia de Chile, y Juan Gandulfo es una de sus figuras emblemáticas. Tuvo el valor y la pureza de aquellos anarquistas de principios del siglo XX, y fue paradigma de las virtudes cívicas y humanas de una generación que marcó profundamente al joven Neruda.
Aunque no estuvo en el epicentro de los sucesos de 1920, Neruda los siguió desde Temuco. Allí recibió al prófugo José Santos González Vera. Al año siguiente viajó a Santiago donde conoció a los protagonistas de esos hechos. El poeta recuerda que en Temuco fue “el corresponsal de la revista Claridad”, a la que ya en Santiago se incorporó “como militante político y literario”.
En sus memorias recuerda: “Al local de la Federación de Estudiantes entraban y salían las más famosas figuras de la rebelión estudiantil, ideológicamente vinculada al poderoso movimiento anarquista de la época. Alfredo Demaría, Daniel Schweitzer, Santiago Labarca, Juan Gandulfo eran los dirigentes de más historia. Juan Gandulfo era sin duda el más formidable de ellos, temido por su atrevida concepción política y por su valentía a toda prueba. A mí me trataba como si fuera un niño, que en realidad lo era. Una vez que llegué tarde a su estudio, para una consulta médica, me miró ceñudo y me dijo: ´Por qué no vino a la hora? Hay otros pacientes que esperan. `No sabía qué hora era, le respondí. `Tome para que la sepa la próxima vez, me dijo, y sacó su reloj del chaleco y me lo entregó de regalo.”
La visión que Neruda tiene de Juan Gandulfo como “redondo de cara y prematuramente calvo”, pero de presencia siempre imponente, coincide con la de Camilo Mori, en este retrato que hoy recibe nuestra Fundación.
En Confieso que he vivido Neruda evoca a Gadulfo siempre con admiración: “En cierta ocasión un militar golpista, con fama de matón y espadachín, lo desafió a duelo. Gandulfo aceptó, aprendió esgrima en quince días y dejó maltrecho y asustadísimo a su contrincante. Por esos mismos días grabó en madera la portada y todas las ilustraciones de Crepusculario, mi primer libro, grabados impresionantes hechos por un hombre que nadie relaciona nunca con la creación artística.”
Con profunda satisfacción incorporamos este retrato a las colecciones permanentes de nuestra Fundación que conserva, además, valiosas donaciones hechas por otra rama de la familia, los Gandulfo Jeréz, quienes entregaron una colección de la revista Claridad, y a la máscara de Neruda, hecha por el escultor Totila Albert, cuya fotografía adorna la primera edición de Residencia en la tierra.
|