| “CALCOGRAFÍA”
Exposición de alumnos de Jorge Martínez García
Del viernes 5 al domingo 28 de diciembre de 2008 en el Centro Cultural de la casa museo La Sebastiana en Valparaíso se exhibirá la exposición "Calcografía" de Jorge Martínez García.
En 1998 este destacado artista creó el Taller del Alquimista, donde imparte clases particulares de grabado. Sin embargo, a pesar de tratarse de clases privadas, el concepto de trabajo de taller involucra la participación conjunta de sus alumnos en relación a la utilización de los materiales propios del proceso del grabado. Por esta razón, la exposición “Calcografía” reúne trabajos de 11 de sus alumnos.
Ellos son: Juan Carlos Valle, Augusto Gómez Fuentes, Juan Subercaseaux, Ilse Wilckens, Virginia Maluk Manzano, Avital Meyer, Ismael Díaz, Lorena Tesch, Manfred Mayer, Gabriela Robin y Beto Martínez.
En su mayoría, se trata de artistas que han desarrollado sus propios procesos pictóricos con gran cantidad de exposiciones en Chile y el extranjero, y que en esta ocasión, se reúnen bajo la mano de su maestro en el arte de grabar.
Trabajo de Taller
En el arte contemporáneo el trabajo del artista suele ser solitario. Aun si trabaja “en equipo”, el trabajo conceptual lo separa de sus ayudantes o ejecutores, y la colaboración procede sólo en la concreción física o material de la obra. El aislamiento de los artistas en cuanto creadores individuales es un fenómeno que se ha venido incrementando gradualmente desde el Renacimiento. No obstante, es en el grabado donde el trabajo de taller altera la tendencia general hacia el aislamiento en el arte y la contrapesa. Este trabajo posee especiales características “comunales”, que aportan un completo bagaje de experiencias y procesos que hoy son propios y hasta únicos del quehacer artístico del grabado.
El taller es la base de la formación individual y su fuente más genuina, pues allí encuentra el artista su identidad por simple oposición dialéctica, es decir, por la identificación de lo propio y lo ajeno gracias al encuentro con el otro, con el compañero de tarea, con el colega y con el maestro. Todos en el mismo ámbito: alumnos, profesores y ayudantes deben ocupar en un momento u otro estas posiciones: ser compañero de aventura artística, recorrer el mismo camino; ser colega, es decir, artista, con similares preocupaciones, con distintas maneras de expresión; ser maestro, pues todos deben enseñar y, así aprender también de la interacción con los otros. En el trabajo de taller se da una jerarquización natural de acuerdo al grado de conocimiento y de experiencia. Sin embargo, esto no significa que la estructura sea rígida, pues la posición del artista en el proceso de aprendizaje no es pasiva. En cierto sentido es a la vez alumno y profesor, pues su experiencia aporta siempre nuevas perspectivas. El artista también se hace y se transforma en la enseñanza, y esto es particularmente válido para el trabajo de taller.
En lo específico, este trabajo consiste sumariamente en la transmisión de un oficio, de una manera de ver y hacer propios del grabado. El ambiente recuerda así al taller medieval en el espíritu de grupo, pero se difiere de él en el trasfondo post – renacentista, porque tiende al desarrollo de las capacidades individuales y en su visión moderna, ya que implica la socialización de los contenidos del arte y la autoconciencia del rol del artista en este proceso. El taller de grabado es siempre comunitario. El obligado uso de un espacio común, donde es difícil conseguir los instrumentos y las máquinas, donde los materiales son tan específicos, debe ser entendido en forma positiva, como un reducto donde aún es posible encontrar algo que trasciende la experiencia individual.
Por otro lado, los métodos de trabajo iluminan la problemática general del arte contemporáneo. Así por ejemplo, la necesaria vinculación con los materiales del arte, con la materialidad de la obra, acerca al artista conceptual o teórico a la realidad matérica y a la manipulación efectiva de las obras, con todos los problemas y ventajas que esto conlleva. La visión que se deriva de la obra es así nueva y poderosa. La utilización del acervo de conocimientos y maneras aportados por artistas del pasado, que se han enfrentado a las mismas cuestiones o a otras similares, enriquece los desafíos actuales. No se desecha lo pasado por superado o académico, sino sólo aquello que no está vivo, es decir, todo aquello que no es percibido como útil o relevante para la problemática actual. Las experiencias del pasado se actualizan en el taller.
Otro elemento propio del método de taller es la experimentación. El taller es el ámbito donde se ponen a prueba los distintos procesos en forma real, donde se pasa de la teoría a la práctica y se viven las experiencias, con lo que el aprendizaje se acelera y se encarna en el proceso creativo. La experimentación supone, además, la búsqueda de nuevos caminos y el hallazgo de nuevas técnicas. No todo está dicho en el pasado, ni todo es dominio del profesor. En los procesos mismos pueden y suelen descubrirse nuevas técnicas, y nuevas aplicaciones para viejas técnicas.
El taller es el verdadero crisol del artista.
Jorge Martínez García
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